Los especuladores y los bancos: el caciquismo del siglo XXI (II)

Se acaba el mes de septiembre y, con él, esta legislatura y, como no, también el plazo para que las cajas de ahorros cumplan con las condiciones de core capital necesarias para asegurar su estabilidad ante una situación económica inestable y poco deseable, o bien para ser nacionalizadas. Es decir, todas aquellas condiciones derivadas de aquellos famosos stress tests con los que tanto nos machacaban los periodistas una temporada atrás, un día sí, y al siguiente también.

Conocemos, una vez leída la prensa de hoy, que la mayor parte de las cajas de ahorros españolas (o, mejor dicho, los bancos resultado de los correspondientes procesos de bancarización llevados a cabo durante estos últimos meses) han necesitado ser nacionalizadas, al menos en una parte, que es más o menos significativa según cada caso.

Voy a exponer primeramente el caso de NCG, bien conocido, aunque sea por proximidad geográfica. NCG ha necesitado recurrir al FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) para obtener 2 465 millones de euros con el fin de cumplir las exigencias de capital exigidas. Con esta inyección de capital, el Estado se hace con el 93% del capital de NCG durante un año. Al pasar ese año, NCG ha de devolver ese dinero más un 12% de interés y haber conseguido inversores que aporten dicha cantidad de dinero, para de esa forma confirmar su recapitalización.

NCG no es el único caso en España. El FROB también ha debido inyectar dinero en CatalunyaCaixa (90% del capital) y Unnim (100% del capital). El gasto total ha ascendido a 7 551 millones de euros, sean 1,256 billones de las antiguas pesetas; es decir, unas cantidades que nos parecen astronómicas, y que han salido de los bolsillos de todos los contribuyentes.

Vuelve últimamente a las calles otra oleada de octavillas pegadas (o, más bien, folios) con el mensaje “A crise neoliberal, que a pague o capital”. Esa sería la situación ideal, pero la realidad es bien lejana. El Estado, además de recapitalizar las entidades mencionadas anteriormente, ha tenido que intervenir de oficio a la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo), que se une a Caja Córdoba y al resto de la demasiado larga lista de las ya intervenidas.

Como ya había mencionado en la primera entrega, y recordado en el título, los banqueros (altos cargos) y los especuladores son los caciques del siglo XXI. Manejan el dinero de los trabajadores, lo administran a su antojo y, cuando les sale bien la jugada, se embolsan los beneficios, sin hacer partícipe de ellos a sus clientes (salvo aquellos que se hiciesen accionistas, de haber tenido dicha posibilidad); sin embargo, cuando les sale mal la jugada, provocan una situación económica de inestabilidad, de pérdida de empleos de los trabajadores (ellos siguen en la cúpula, cómo no) y, aún por encima, fríen a la pobre población con comisiones abusivas tales como las que se han especificado en la primera entrega.

Y en el control de esa gente está la clave para salir de esta crisis, la crisis del capital. Manejan ellos el dinero suficiente para crear todos los empleos necesarios, pero no se dan llenado. A ver si se cumple el dicho “la avaricia rompe el saco” con ellos. Si no, mal iremos…

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